Camilo Varela INSTALACIONES INDUSTRIALES

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Actualidad industrial

22 - 07 - 2008

 

LA PARADOJA NUCLEAR - LA ENERGÍA DEL ÁTOMO NO DESPEGA PESE A QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA CARESTÍA DE HIDROCARBUROS JUEGAN A SU FAVOR

 

La energía nuclear no despega e, incluso, pierde peso entre las fuentes energéticas. Pese a las ventajas competitivas que ofrece (casi nula contribución al cambio climático, menos dependencia de los hidrocarburos...), no se da un renacimiento en la construcción de centrales nucleares como algunos auguraban. Frente a quienes anunciaban una revitalización de esta fuente energética, un informe difundido ayer, elaborado por expertos para el Parlamento Europeo - por encargo del grupo de Los Verdes-, sostiene que más bien se observa un cierto declive. ¿Con qué tropiezan las nuevas centrales nucleares? Problemas de financiación, falta de especialistas y de capacidad de producción y los largos periodos de gestación son barreras a veces infranqueables.

 

Estamos ante un nuevo amanecer de la energía nuclear o vislumbramos su crepúsculo? Las condiciones de partida para nuevas plantas son las mejores de los últimos tiempos. Existe un incremento de la demanda de electricidad y presumen de no generar gases de efecto invernadero, lo que las hace competitivas frente a las térmicas de carbón, fuel o gas. Además, los planes para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y el incremento de los precios del gas juegan a su favor.

Pese a esta coyuntura favorable, el Informe del 2007 sobre el estado de industria nuclear en el mundo ve síntomas de decadencia. El número de centrales nucleares está casi estancado desde 1990. En el 2007 había 439 reactores en funcionamiento, cinco plantas menos que en el 2002, cuando se alcanzó el máximo: 444 reactores. El descenso del número de reactores se ha compensado con un aumento de la potencia instalada en las plantas.

La potencia eléctrica nuclear aumenta muy poco y sólo ha aportado un 1,5% al incremento anual total de la potencia eléctrica instalada en los últimos años. Otro dato revelador es que seis países (EE. UU., Francia, Japón, Alemania, Rusia y Corea del Sur) generan las tres cuartas partes de la electricidad nuclear del mundo, mientras que las nuevas construcciones siguen localizadas en Europa oriental y Asia. De las 34 nuevas plantas que están ahora en construcción, 30 se localizan en estas dos zonas.

Los expertos ven incluso muy complicado que esta opción pueda mantener su peso en el futuro, teniendo en cuenta que las plantas cerrarían tras una vida útil de unos 40 años de media. Un total de 93 reactores alcanzarían la edad de 40 años entre enero del 2008 y 2015, por lo que, dado que sólo está previsto que se inauguren 23 plantas antes de esa fecha, habría que construir 70 nuevas centrales los próximos ocho años para mantener el mismo número de centrales operativas. Y esto "parece virtualmente imposible dados los largos periodos de tiempo necesarios para materializar los proyectos", dice el informe, presentado por la coordinadora Nova Cultura de l´Energia.

Las optimistas previsiones de su desarrollo futuro han sido avaladas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), aunque su aportación al conjunto de la energía primaria caería desde el 6% al 5% en el 2030.

Pero ¿por qué la energía nuclear está estancada? La Agencia Internacional de la Energía admite que la energía nuclear sólo desempeñará un papel más relevante "si las preocupaciones relativas a la seguridad de las centrales, al depósito de los residuos nucleares y al elevado riesgo de proliferación nuclear pueden ser solucionadas satisfactoriamente para el público", señala el informe.

Diversos analistas norteamericanos han venido insistiendo en que las empresas eléctricas no pueden afrontar el riesgo financiero de construir centrales nucleares, en gran parte porque la desregulación del mercado de la electricidad introduce muchas incertidumbres. Además, los costes financieros derivados de los retrasos pueden añadir incontables sumas a cualquier proyecto futuro. Hasta ahora, el reactor que tardará más en levantarse es el de Watss Bar-2, en EE. UU., que recientemente reanudó su construcción después de que se empezara a edificar en 1972.

En el 2005, EE. UU. adoptó una legislación para estimular las inversiones en nuevas centrales nucleares. Las medidas incluyen desgravaciones de impuestos y la simplificación en los procesos de autorización; pero la ONG Public Citizen denuncia que el actual proceso no ofrece oportunidad alguna para que la ciudadanía pueda plantear y debatir las cuestiones de seguridad en el trámite de información, por lo que se temen largos litigios judiciales.

Igualmente, junto a los riesgos de esta inversión, existen reticencias del mercado financiero internacional respecto a la energía nuclear. "Ninguna empresa eléctrica se comprometerá en un proyecto tan grande y arriesgado como es una nueva central nuclear sin asegurarse de que recuperará el dinero invertido", dicen los expertos.

No menos grave es la dificultad de encontrar personal cualificado, incluyendo técnicos, ingenieros y científicos. En EE. UU. el 40% de los actuales trabajadores en el sector electronuclear alcanzarán la edad de jubilación dentro de cinco años.

En 1980, en EE. UU. había cerca de 65 universidades funcionando con programas de ingeniería nuclear y hoy sólo hay 29. Algunas empresas tienen problemas para encontrar a profesionales bien formados. Ante la gran dificultad para contratar suficiente personal para los programas nucleares, la gran incógnita es saber de dónde saldrá la fuerza de trabajo bien formada para la expansión de los programas nucleares. En Alemania se espera que disminuyan las oportunidades de trabajo en el sector cerca del 10% hasta el 2010 y tanto el número de instituciones que enseñan tecnología nuclear como el número de estudiantes que han obtenido su diploma se ha desplomado.

En España, no se aprecia una voluntad de las compañías eléctricas por construir nuevas centrales nucleares, según explica Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la Universitat de Barcelona. "Construir una nuclear supone una inversión enorme y las compañías necesitan garantías de que podrán explotarlas y rentabilizarlas a largo plazo para apostar por ellas. En estos momentos, construir una nuclear supondría probablemente un riesgo económico excesivo. Las declaraciones del presidente Rodríguez Zapatero en el sentido de que es el más antinuclear de su Gabinete no contribuyen a dar confianza a las empresas para aventurarse a proponer la construcción de nuevas nucleares", destaca Mariano Marzo.

Fuente: diario La Vanguardia

 

 

 

 

 
 

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